Huimos de todo.
Huimos de la felicidad, por si fracasamos y acabamos con ella o porque simplemente no queremos que se nos vaya tan rápido, que no se nos escape de las manos.
Huimos de lo difícil, nos lo imaginamos imposible y la mayoría no lo intentamos por miedo a no conseguirlo, por perder algo, sin pensar que si no lo intentamos ya lo hemos perdido.
Huimos de quien nos quiere por miedo a que nos rechace o por miedo a ser feliz, pero también quien nos quiere huye de nosotros por los mismos motivos.
Huimos de lo que no nos gusta, por miedo a que nos acabe gustando o nos haga daño, por que no queremos aceptar la realidad.
Huimos de nuestra vida y la intentamos hacer perfecta, buscando momentos perfectos en vez de crearlos, quejándonos de nuestros fallos en vez de hacer cosas por cambiarlos, teniendo miedo en vez de valentía; valentía para saber que no importan los momentos no importan, los fallos y mucho menos el miedo, que nacimos para ser felices no perfectos, que el mañana es el hoy que nos preocupaba ayer. Sé feliz y deja que todo te resbale.
Puedes negar esto pero en realidad y una vez más estarás huyendo de la verdad.
Es la mayor verdad que he leído en mi vida.
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